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12 de mayo de 2026

Conversación con Abel Trujillo: entre fotografiar localizaciones y construir historias

En Locationow entendemos los espacios como algo más que escenarios: son el punto de partida de una historia. Cada localización aporta identidad, atmósfera y una narrativa propia que transforma el resultado final de una imagen.

En esta edición hablamos con Abel Trujillo, fotógrafo y director de arte cuyo trabajo transita entre la moda, los interiores y la narrativa documental. A lo largo de su trayectoria ha colaborado con firmas como Dior, Cartier, Chanel o Givenchy, desarrollando una mirada visual profundamente conectada con los espacios que fotografía.

Su trabajo ha sido publicado en medios como GQ PortugalElle México o Numéro Netherlands. Tras un año viviendo en Aruba y trabajando entre Europa y Latinoamérica, su mirada evoluciona hacia una exploración más íntima de los interiores, la arquitectura y la fotografía documental, una nueva etapa que también veremos reflejada en su próximo trabajo para Condé Nast Traveler.

Encontrar un lenguaje propio

Tu trabajo se mueve entre la fotografía y la dirección de arte.
¿Cómo empezó todo y en qué momento sentiste que encontrabas tu propio lenguaje visual?

La fotografía llegó a mi vida hace muchos años, de una forma bastante natural, aunque
siempre acompañada de mucho esfuerzo. Desde el principio me he movido entre el trabajo
por encargo y los proyectos personales; y han sido estos últimos los que realmente me han
permitido construir un lenguaje visual propio.
Diría que ha sido en los últimos cinco o seis años cuando he empezado a sentirme más libre a la hora de contar historias. Fue entonces cuando entendí que, a través de la fotografía, podía transmitir estados de ánimo. Ahí es donde todo empieza a tener sentido: en la forma en la que trabajo el color y en cómo elijo y leo las localizaciones. Con el tiempo, los espacios han ido ganando cada vez más peso dentro de mi trabajo, hasta convertirse en una parte esencial de lo que quiero contar.

Cartier, una embajada brutalista y solo treinta minutos para encontrar la localización perfecta.

Has trabajado con grandes marcas internacionales.¿Qué aprendizajes te han dejado estos proyectos en términos creativos y de producción?

Más que aprendizajes teóricos, lo que me han dado estos proyectos son situaciones reales en las que tienes que reaccionar rápido y confiar en tu ojo. Son los que, al final, te hacen callo.

Recuerdo unas fotos para Cartier en la antigua Embajada Británica de Madrid, un edificio brutalista en desuso. Teníamos muy poco tiempo, varios fotógrafos tenían que fotografiar las piezas y, mientras maquillaban a la modelo, yo tenía que encontrar localizaciones dentro del espacio prácticamente en treinta minutos. Además, algunas piezas solo podían estar en la modelo durante diez o quince minutos. Ahí es donde entiendes que la creatividad también es tomar decisiones rápidas y precisas.

En otros casos, el proceso se construye casi solo. Por ejemplo, en el trabajo para Elle México con Dior durante su colección Crucero 2023 en Sevilla, fotografiando a Miriam Saiz en el Hotel Casas de la Judería. La localización tenía que estar completamente alineada con la estética de la colección, y el lugar, que parecía detenido en el tiempo, encajabaperfectamente. Son de esos espacios en los que casi no hace falta intervenir para que la imagen funcione. Y menos mal, porque yo era el único que no venía de trasnochar en la fiesta de Dior la noche anterior en la Plaza de España.

“Muchas veces encuentro primero el espacio y después construyo la historia”

Abel Trujillo

Gran parte de tu trabajo se desarrolla en interiores. ¿Qué te atrae especialmente de estos espacios frente a otros entornos?

Para mí, los interiores tienen algo que me permite ir un paso más allá a la hora de contar historias. Muchas veces me ocurre que encuentro primero el espacio y, a partir de ahí construyo toda la idea o la storytelling. Esto, por ejemplo, me pasó en la editorial O Templo do Corpo para GQ Portugal, cuando descubrí Banys La Pista. Fue uno de esos lugares que ya contenían una narrativa en sí mismos.

Me atrae esa sensación de intimidad de los interiores. De esta forma puedo desarrollar una escena con más calma, cuidar los detalles y generar un ambiente donde todo el equipo se sienta cómodo, que para mí es clave en cualquier producción. Es algo que arrastro desde el principio, cuando empezaba a hacer editoriales con dos duros y sentía una responsabilidad muy grande hacia la gente que confiaba en mí y que madrugaba para ayudarte. Con el tiempo he entendido que esa parte también forma parte de la imagen, cómo se construye el espacio, cómo se siente el equipo y cómo todo eso termina reflejándose en la fotografía.

Cuando eliges una localización, ¿qué criterios son clave para ti? ¿Buscas algo emocional, estético, narrativo…?

Como decía antes, me interesa mucho descubrir nuevas localizaciones, pero no las busco solo desde lo estético. Para mí es clave que el espacio tenga identidad, que me haga imaginar una historia incluso antes de que pase nada. Me ha pasado mucho este último año, viajando por Latinoamérica y viviendo en Aruba, donde he encontrado espacios muy potentes que, por cuestiones de producción, no siempre he podido desarrollar en una editorial. Aun así, esas localizaciones se quedan conmigo, forman parte de mi carrete personal. De ahí surge también la idea de fotografiar Aruba desde otro lugar, su gente, sus casas, su día a día. Así nace el fotodocumental que recoge mi vida en la isla durante un año y que verá la luz en junio de 2026 en Condé Nast Traveler.

Desde tu experiencia, ¿qué hace que una localización funcione realmente bien en un shooting?

Que sea única. Da igual el estado de la localización, al final es una cuestión de texturas, de color, de luz, de gusto. De tener el ojo trabajado, de haber visto muchas películas, de haber mirado mucho..De estar en Madrid y que, de repente, una esquina de una casa te transporte, yo qué sé, a Japón. Llevo años buscando, por ejemplo, un washitsu en pleno Madrid, sin tener que moverme y sin tener que construirlo desde cero en un set.

«La foto que nació como un simple test terminó abriendo GQ Portugal»

Abel Trujillo

¿Hay alguna localización que recuerdes como especialmente significativa o inspiradora?

Me voló la cabeza el edificio contiguo en los banys de Badalona que fotografié para GQ Portugal. O la Universidad Laboral de Tarragona. Ese comedor es difícil de olvidar y con el tiempo, se ha convertido en uno de mis trabajos más recordados, en una historia muy bonita para DSECTION, Dreamers Vol.01.

Eso lo tiene Barcelona. Hay un respeto por los lugares, por la arquitectura, por construcciones que saben convivir con el presente.


¿Alguna anécdota durante un shooting que haya marcado tu forma de trabajar?

Para la editorial Nomadland estábamos en un camping maravilloso de la costa catalana, con una estética muy noventera y unas vistas con las que soñaba. Tenía muy presente la película de Frances McDormand, y quise hacer un guiño, llevar esa atmósfera a una editorial.

Fue uno de esos shootings que, como el típico sueño en el que quieres correr y no puedes apenas moverte, así me sentía. Además, era un momento en el que aún era bastante inexperto a la hora de no asumir roles que no me correspondían. Pensaba: ¿cómo me he metido en esto? Pero la magia llega después. Me llevo una de las fotos, para mí, más preciosas e inesperadas.

Último set del día, últimos looks. Los dos modelos esperando a la tercera chica, que la estaban cambiando. Hacía un frío enorme y los taparon con dos abrigos que finalmente estaban descartados, un Palomo Spain y un LANVIN. Un disparo que servía de test, en el que incluso se podía ver un paraguas de flash. Se convirtió en la fotografía que abriría en doble página ese issue en papel de GQ Portugal.

Aruba, Latinoamérica y una nueva mirada

Llevas un tiempo viviendo en Aruba y trabajando por Latinoamérica. ¿Cómo ha influido este cambio en tu forma de mirar y trabajar?

Aruba me ha regalado muchas cosas, pero sin duda una de ellas es volver a unafotografía que me apasiona y que ya había tenido la oportunidad de desarrollar hace unos años, la fotografía de interiores y la fotografía documental, la de hacer fotos porque sí, sin modelos, sin firmas, sin revistas de moda.

Incluso antes que la moda, en mi casa no podían faltar las revistas de decoración, de arquitectura, de diseño. Estar en este lado del mundo me ha llevado a trabajar durante este último año por Latinoamérica y a desarrollar Noya Studio, que es mi parte de trabajo como fotógrafo de interiores y hospitality, donde además también he podido crecer en dirección de arte. Esto no quiere decir que no vaya a seguir trabajando en moda. Al contrario. Pero sentía que me faltaba algo, por eso accedí con mucha ilusión a esta entrevista con vosotros. Quiero que todo sume hacia este lado. Me encanta combinar moda e interiorismo. Todo suma.

¿Qué diferencias encuentras entre trabajar en Europa y en Latinoamérica, especialmente en términos de localizaciones y cultura visual?

Visualmente es muy, muy diferente. A mí, que me encanta fotografiar color, esto es el paraíso. Me quedo con República Dominicana, Costa Rica y Colombia, y con esa estética que además se está enseñando al mundo gracias a artistas como Bad Bunny o Karol G. Lo que ocurre en la calle, cómo la gente vive de una forma tan en comunidad… Imagínate ahora cuando vuelva a mi base en Madrid, sin duda echaré de menos todo esto.

Me da la sensación de que vengo de beber de una fuente de creatividad muy diferente. Estoy como empachado, necesito hacer un parón para que todo se asiente. Tengo muchas ganas de crear, muchas ideas, tanto en moda como en interiorismo, pero necesito descansar la mirada y verlo desde lejos.

¿Qué te sigue emocionando hoy de tu trabajo?

Estoy feliz con mi trabajo. El reconocimiento a mi trayectoria no viene solo de fuera, sino desde dentro. Estoy muy contento de cómo he llegado a este momento, de ver cómo las piezas se van alineando, ¿sabes? De mirar mis trabajos publicados y que sean de calidad, no de cantidad. Que el poco a poco tiene sus frutos.

Si tuvieras que definir tu relación con los espacios en una frase, ¿cuál sería?

Sin que suene muy romántico, siempre estoy en la búsqueda de la mejor localización para la historia que quiero contar. Cada vez más, el espacio tiene un peso muy importante en mi trabajo, y me encanta que sea así.

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